Sobre lo indomable de un personaje biografiado

1. Particularmente me resulta complejo señalar si Chile posee una veta biográfica desarrollada, trato muchas veces de ubicar nombres distintivos en la biblioteca mental, pero resulta siempre que la mayoría de ellos son casos puntuales de escritores recientes, los cuales, por lo demás, le sirven como una actividad periférica dentro de su producción. De tal manera, la pobreza y la carencia de referentes tácitos puede terminar siendo más una raíz profunda que una senda recorrida accidentalmente, y ello es, para nuestro pesar, definitorio.

Y ciertamente que la biografía posee un oficio que sobrecoge en gran medida, convirtiéndola esta en un género de muy rica degustación. No es fácil aburrirse con las descripciones de Suetonio, el agrado de De Quincey o la elegancia de Manuel Vicuña (por poner un caso cercano); por el contrario, la biografía recorre al personaje como si de un encuadre fotográfico se tratara la tarea.

Por lo mismo, enfretarme a una biografía es enfrentarme al personaje como a quien me invita a recorrerlo. No es el personaje en sí la mayor atracción, sino que muy bien condimento es el agregado que el escritor otorga en su obra. De todas formas, no cuesta mucho toparse con ejemplos de lo contrario.

 

2. La biografía como género puede terminar siendo dañina. Como todo acto de escritura, supone el relevo, la superposición, el encaje, la elección del campo, la elevación, el endiosamiento de personas o personajes, hechos o hitos, que, de por sí, tienen un valor superlativo según el biógrafo. Sentencia o establece mitos, pone en la balanza juicios populares y dictamina su veracidad; establece, por tanto, una memoria sobre un personaje la cual se fija y se mantiene permanente en el tiempo gracias al papel. El escritor de biografías nunca puede ser neutro en este sentido, siempre toma parte de forma belicosa, militando o desmintiendo a medio mundo.

 

3. Y es que precisamente de quien más falta hace una biografía es de Stella Díaz Varín, un personaje de quien muchas personas aún tienen muchas cosas que decir, de las cuales aún falta quien les otorgue una mirada a todas esas referencias. Esto porque la misma Stella parece que concientemente buscó escapar del rígido y homogenizador lazo del biógrafo futuro, porque es ella quien precisamente pareció rondar los mundos más dispares de la sociedad sin un hilo conductor muy seguro. Stella fue poeta pero también militante, redactora de crónicas periodísticas y de bellos poemarios iluminadores, escritora por encargo y de cuentos publicados bajo pseudónimos. Fue bella así como peleadora amateur. Refinada y desestructurada. No hay coherencia en sus desenvolvimientos concretos como si lo hay en su carácter y en su personalidad.

Tantas cosas sabemos de ella que sus referentes parecen inagotables. Ella misma dejó grandes referencias sobre sí misma que son fáciles de rastrear y que hasta el momento constituyen los mejores abordajes hacia su persona.

 

4. Stella Díaz Varín, la biografía escrita por Álvaro Ruiz, publicada por Editorial Universidad de La Serena, evoca constantemente la voz de la misma Stella para condimentar un relato nada muy atractivo. Puede resultar este un caso en que la biografiada agota las posibilidades biográficas de sí misma, posibilita la dispersión y evita una verdadera construcción de una imagen subjetiva. Una estampa temporal, inmiscuida en nuestras propias necesidades de indagar en las referencias de la persona, se escapa de los (aparentes) objetivos del autor, quien parece no haber generado más que unidades breves de momentos significativos en la vida de la poeta.

Quien habla es en todo momento Stella Díaz, terminando por ser este un libro de recopilación más que otra cosa. En definitiva, un ejemplar como del que se ha hablado resulta más para pensar en lo límites de la biografía, las condiciones de la misma y la potencia de los personajes (los cuales, muchas de las veces, escapan al dominio del biógrafo).

 

Nota anexa
Ocasiones como ésta terminan por resaltar la importancia del concepto de “Obra Completa”, lugar donde la manufactura textual de la escritora se pone en conflicto con su misma biografía, la que no se construye en base a certezas sino a suposiciones subjetivas: imaginarios edificados en cimientos de versos e imágenes poéticas. En el libro, como tal, se transpone un campo de conflicto, donde emergen con mayor visibilidad las palabras y la poesía, las que, a su vez, aparecen apuntaladas por la imaginaria escultura trabajada a golpe de cincel y martillo en la lectura.

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“Stella Díaz Varín”
Álvaro Ruiz
Editorial Universidad de
La Serena, 2017
78 páginas.

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La errancia como factor de vida. Sobre “Charapo” de Pablo D. Sheng

Charapo es una novela contemporánea. Se hace cargo de una escritura que avanza tanto hacia su propia condensación como aborda la urgencia de sujetos con arraigo mutilado.
Desencantada de las grandes narraciones, esta novela parece estar en el momento de instalación de una cosmovisión que –a partir de la fugacidad de los hechos representados en fragmentos– privilegia la comunicación directa más que la construcción de un texto sujeto a la interpretación.

La novela de Pablo D. Sheng, en su totalidad, parece ser una acumulación de momentos literarios extraídos de la realidad o la experiencia. Quizá la antigua unidad libresca del capítulo –o el episodio– es la que poco a poco ha ido perdiendo sustancia en el devenir de la escritura contemporánea.

Por otro lado, logro ver una relación de simetría entre la escritura estrecha y fragmentada y los desplazamientos que produce la inmediatez del tiempo. El espacio no es un elemento al cual el personaje puede recurrir ya que es justamente su principal carencia y su más urgente necesidad. Lo único que tiene es su eterno presente. Un momento que se caracteriza por la fragilidad de su naturaleza y la delgadez de sus límites. De tal modo, no podría ser de otra forma, el personaje aborda sus experiencias, utilizando el fragmento como mecanismo de expresión.

La de Charapo es una escritura del deslizamiento que produce el presente circunstancial e inesperado. Es una escritura “protoliteraria”, que se constituye como tal desde la fisura que provoca la discontinuidad o la errancia del personaje. Describe y, en tanto tal, es una escritura de la sensación superficial y de la observación, del acontecimiento espasmódico, fugaz e irrelevante. La precisión del autor está justamente en conectar lo que puede nacer inconexo, en dar un tejido estructural a una serie de nudos de escritura que se sostienen a sí mismos. La justa medida está, en este caso, en la corrección.

*

Probablemente, nunca la palabra “desarraigo” operó con tanta profundidad como en estos tiempos, aun cuando la migración pueda ser un fenómeno discreto, no por eso es menos visible. Buscar oportunidades obliga a convertir el viaje en una opción forzada, una decisión que lleva a las fronteras de lo conocido para que, una vez cruzadas, el porvenir se torne grisáceo, vacío y con poca hondura.

En Charapo, Camacho, quien sostiene la historia, aborda una vida que extrapola las nociones de inmigrante e indigencia, en donde no se observa a ciencia cierta si vida es precisamente lo que logra llevar el personaje. Este sujeto carga en sí una necesidad familiar, que se derrumba en breve, que porfía a cada nuevo intento de comunicación en una estrecha caseta de llamados internacionales que, en definitiva, no se justifica cuando es informado que a su hija dejada en el Perú le impostaron un nuevo padre. Desamparado de su espacio geográfico natal, al personaje además se lo ultraja de su única razón para estar donde está.

*
Arreglar las aberturas del entretecho era cuestión de tapar con yeso un par de hoyos y de cubrir las tejas con latas. Habíamos ido a la ferretería. Luisa, como esperábamos, nada nos descontó. De alguna manera, le dije al Charls, debíamos hacerlo. Viviríamos aquí por mucho tiempo. Al menos eso pretendía. (13)

 

Camacho es un sujeto que malamente logra estabilizar bases sólidas en el Santiago actual. Su anclaje único se basa en sanar el imperio de sus entrañas, alcanzar del modo que sea una liquidación que mejore su errancia. Camacho es un cuerpo que amolda sus condiciones –precarias a lo largo de la obra– a las necesidades de sus empleadores, alineadas al crecimiento del capital, la productividad y el rendimiento.

Es precaria su condición. Ello llega a afectar toda especie de relación humana, las que no parecen funcionar más allá de lo que resulta meramente conveniente. El cuidado que realizó a quien fuese su arrendataria es descrito como si la rutina motivara cada actividad, evidenciando una mecanicidad en el personaje que no lo abandona en todo el libro. Camacho, menos que un sujeto, es más bien una entidad, una hoja de otoño deslizada de un lado a otro sin saber por qué.

*

Es interesante Charapo. Gusta su actualidad, su sensibilidad y los espacios que abre dentro del escenario de la narrativa chilena. Trabaja desde las sombras, desde las zonas que mantienen una penumbra desagradable e insoslayable. Impacta precisamente porque vuelve lo irreal en cotidiano, vuelve propias realidades que queremos entender como “superadas”. La inmigración en esta novela ofrece una perspectiva desalineada a nuestro siempre recordado aislamiento geográfico.

Decía que Camacho poco y nada se logra constituir como sujeto: las condiciones materiales muchas veces le impiden hacerlo dentro del relato. El paso siguiente estaría en ver cómo un personaje foráneo desenvuelve su subjetividad en un terreno impropio, cuáles serían sus afirmaciones, desde donde se realizan, cuáles serían sus soportes emocionales y materiales. Ello, sin embargo, no supera la sensibilidad demostrada por Pablo D. Sheng en Charapo, un libro que demarca un espacio definido dentro del panorama actual.

Texto aparecido inicialmente en La Calle Passy 061
http://www.lacallepassy061.cl/2017/08/la-errancia-como-factor-de-vida-charapo.html

Camilo Suazo: nos dices más de lo que queremos escuchar

1. Hubiese sido más habitual que estuviese un joven de aspecto más dejado acá delante, rompiéndose los labios o tajeándose la ropa frente al auditorio. Hubiese sido más provechoso al espectáculo ver a una dama recortada en la penumbra del escenario, cantando a las altas cumbres, entrando al suburbio del entendimiento o quebrando su femineidad estructurada y autoflagelante, mostrando su sexo quizás para reenseñarmos el principio de todo. Hubiese sido quizás más provechoso ser una antesala de la música, una vigorosa presentación de virtuosismo instrumental, un candor de utilidades manuales ante cajas de resonancia profunda. Habría sido de mayor encanto, quizás, un canto a lo humano, un profundo amor a las palabras, un bello silencio esperanzador.

       Mejor habría sido guardar silencio, ese silencio que tanto embarga, ese silencio de destrona nuestra habitual búsqueda de razón, ese silencio que su sola presencia alimenta voces de ruidos torrentes. Callarse, y con ello engullir lo poco de decencia que nos queda en un mundo que de ambición y usura construyó sus bases.

Bien habría servido una cuota de silencio, un vino ácido y un cilindro nicotinoso en los dedos.
No habría sido mal.
Habría sido útil. Habría sido pertinente, congruente, locuaz.
Habría sido insano.

2. Camilo Suazo. Basta solo un nombre para generar espectáculo. Que no se entienda mal, porque para entender mal sobran cabezas. Camilo es un espectáculo, Camilo rompe la timidez estúpida de quienes fueron amamantados hasta después de lo necesario, Camilo es quien sutura su propia cesárea y con el hilo y la aguja compone algo nuevo. Camilo, un nombre común, un nombre común que se sabe cotidiano, y por lo mismo, quiebra nuestros sentidos con una guitarra estridente, con gritos rabiosos y una musical rebeldía sonora. Camilo Suazo, un hombre que conoce la desazón de frente, que sabe que la música no se hace sola, que reconoce huérfana a la creación sin una adecuada corpórea expresión. Camilo Suazo no es un habitual, no es un pedante. Camilo es un fuego azul, incandescente, de un amplio estómago vacío.

3. Si no creen lo que digo, escuchen a Camilo. Él nos dice en una canción “y el mundo siempre está pa llorar, ni la esperanza viene acá”. Nos falta cielo, nos dice, y da con el punto. Después canta “Me cansó el amor, y su trampa vieja de no poder vivir sin una parte de mi ser…” y con Julio Rodajo creemos que nos embriaga su melancolía. Nos canta a quienes nacimos cagados, a quienes nos cagaron y a quienes más encima nos siguen cagando seres de pérfida naturaleza. No fue esta tierra la prometida. Para que le llaman Tierra si aquí no crece ni el cardo. La maleza es nuestro Amazonas, el hollín nuestras nubes, el cemento nuestro horizonte. Crecimos sin perspectiva, nuestros sueños tienen límites, una curadera es nuestro inconsciente, y para rematarlas, nos cagó el amor.

Camilo, ay Camilo, nos dices más de lo que queremos escuchar.

4. Sin empacho, sin eructar, sin un “chanchito atravesado”, sin desvanecerme al decirlo, grito al mundo que Camilo Suazo es el mejor músico de su generación. Tiene el virtuosismo de los elegidos, la parsimonia del maestro, la locura del genio y la espectacularidad del showman. Mejor que seguir con esta oda maldita y mal hecha, mejor es que Camilo nos muestre, de una buena vez, como mis palabras no son más que la constatación de lo evidente.

(*)Texto leído durante la presentación “Camilo Suazo en Concierto”, realizado el miércoles 14 de junio de 2017 en el Auditorio del Instituto de Música UAH.

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Sujetos menores

Sin embargo, no lo hicimos.
Para nosotros no era necesario eso;
se daba por entendido. 
(13)

Y mientras te ibas a atender otra mesa nos levantamos
junto a papá al mismo tiempo que me hundía en lo más secreto
de mi vergüenzas.
(25)

Pero te sorprende más aún que te veas a ti mismo
pudiendo ver allí un trozo de carne que se pude paulatinamiente.
[…]
Sientes un horror fascinante de que toda la existencia sea cierta
pudiendo existir la nada en su lugar. (41)

 1. Relatos menores son hebras de una significativa miseria interna, en donde cada sujeto retratado, por algún motivo de misterioso origen, retiene en sí una gran silbatina de opacas emociones, que obligan a quedarse donde cada uno está sin ejercer mayor presión al destino cada vez más advenedizo. Son sujetos de horizontes escuetos, planos y sin mayor relieve, de corta distancia, en donde a lo mucho puede verse un angosto sendero que lleva a un estado de mejor calidad al actual.

1.1 Gran parte de los personajes de Relatos menores son seres que terminaron por ocupar el lugar del que quisieron escapar, siendo en definitiva el objetivo descartado de sus propias aspiraciones.

2. En los textos de Relatos menores hay una cierta dimensión pocas veces vista, un estado de condicional impropio que abraza y no suelta a los personajes, los cuales se ven superados en todo momento por los deseos no alcanzados. Una nostalgia al revés, de lo pudo ser y dejó de serlo.

Acabo de ver en 327 cuadernos, un documental de Andrés Di Tella sobre Ricardo Piglia, el cómo este último reflexiona sobre lo significativo que representó en su vida el cambio de casa, de una ciudad a otra, para lo que terminó siendo Piglia en su vida. Ese simple gesto implicó la intención de escribir un diario que no acabó hasta su misma muerte. Más interesante es, por cierto, ese espacio de indagación en que entra el autor cuando imagina los mundos posibles que pudieron haber sido pero que a la vez dejaron de ser, el como una decisión invita a caminar hacia lugares que van despreciando otros sin darnos mucho interés generalmente. Una suerte de pena y nostalgia embargan a los personajes de Relatos menores por esa vida que se escapó de las manos y de la que algunas nociones se logran tener, emociones de imposible desafección, porque no existe en el mundo lugar donde no haya un hombre o una mujer que tales sensaciones les resulten diferentes.

3. Por ahí da la sensación de representar residuos, que cada sujeto es lo que quedó de otro más imponente, más virtuoso y más insoslayable que el estropajo de ser humano descrito por Aldo Bombardiere en su libro. Me parece que lo son en la medida que se los mire parapetado a una artillería de focos cegadores. Más amigable me resulta la mirada de ser relatos que describen la propia noche del ser humano, esa noche oscura que solo posee ciertos destellos de luz para tener alguna guía del terreno habitado. Sin embargo, esa oscuridad es parte del sujeto, lo forma y lo constituye como tal, de tal modo que es tan propio de él como sus momentos de gloria y de admirables acciones.

3.1 No dejo de pensar en las motivaciones de Aldo para retratarnos sujetos de tan paupérrima situación emocional. Porque, a diferencia de la nostalgia teilleriana, estos sujetos provocan cierto desprecio de comportamiento, no añoro por su alegría perdida.

4. La narración es una virtud, un camino ligero que va por encima del pavimento incandescente y raso. Aldo Bombardiere, en este libro, figura como un tutor de estos personajes que en ocasiones serian nada sino fuesen descritos con la pulcritud de un lenguaje que serias dudas me queda si les corresponde o no. Son sujetos marcados por su similitud de carácter, de fisonomía y de personalidad. Pero existe una estructura marcada a fuego en el libro, un elemento que supera lo anecdótico para volcar cada relato al ambiguo terreno de lo poético, en donde un crisol de posibilidades se abre ante un lector: la escritura. Las implicancias escriturales de Aldo Bombardiere atentan a la filosofía y a la poesía para dar una simbiosis de significaciones personales que vuelven en ensayísticos sus Relatos menores. Cada espacio de escritura termina siendo un abanico de lecturas pero una propuesta a la vez, una interpretación que se asoma ligera y que intenta explicar a sus mismas creaciones. El ejercicio es provocativo, reacciona frente a sus mismos personajes, siendo cada relato un espacio de enfrentamiento dialectico de ideas nunca calmas frente a lo que está sucediendo con ellos. El oficio filosófico no se detiene en la narración.

 5. Relatos menores es un libro donde se ponen en entredicho lo magnífico frente a lo decadente. Lo primero es un aspecto que se aprecia sólo en su sombra, un elemento fuente de deseo frente a lo que en realidad terminan resultando los personajes de este libro. Lo segundo es una suerte de estado natural al cual recaen ellos, una dimensión que se asemeja a la caída inicial del ser humano desde el Paraíso, un tópico al cual parece volver Aldo con sus relatos.

Por lo demás, son relatos en donde la naturaleza humana se aprecia en su más íntima realidad, en la pérdida y en el insustituible camino del destierro de la felicidad. Son relatos de una épica distinta a la que conocemos, una épica de la imposibilidad de las cosas y de las desiertas voluntades humanas. El libro deja una sensación de desacomodo frente a lo que podemos perfectamente ser, un espejo de tan fino reflejo que raro sería no identificar algún aspecto de nosotros entre los personajes.

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“Relatos menores”
Aldo Bombardiere Castro
Luna de Sangre Ediciones, 2017
112 páginas

Tierra fértil, pero sin semilla

1. El hombre semen es quizás una texto que sobrecoge en todo momento, desde que uno está en presencia, por primera vez, con ese pequeño libro de cuidadas composiciones hasta cuándo va recorriendo los versos de frescas emociones pasadas, que de tan frescas parecen ser vividas hace unos días nada más. Es un relato, un testimonio de lo que se suele llamar el lado “b”, o lado gris, de la guerra.

Se retratan las nuevas condiciones de un pueblo de nombre Le Saule Mort tras la insurgencia en contra de Luis Bonaparte, el despoblado de hombres y el pacto femenino por conservar la estirpe en la región. Es un testimonio de aquello que no alcanza para ser glorificado en las grandes épicas militares, que no dio para una nota al pie siquiera, pero que bajo la posibilidad del relato vivo de la primera persona puede reflejarse en la imaginación personal. Es una descripción escrita con lirica que fácilmente alcanza los límites de lo absoluto.

2. El tiempo. Violette Ailhaud, su autora, escribe esto en 1919, cuando la Gran Guerra generó condiciones similares. La historia se escribe una vez a pesar de que se vive dos veces. No parece rara la correspondencia de aquel tiempo, en 1857, con la que ya en sus años Violette escribió para dejar testimonio, porque si bien las peculiaridades están siempre frágiles a los vientos epocales, las estructuras sociales siempre responden a un mismo criterio. La guerra se sostiene ―y muy probablemente se sostendrá―, y la sensación de la autora (“mi corazón y mi cuerpo están vacíos”) será tema recurrente entre las personas hasta el minuto en que, sin mediar una pomposa ceremonia, alcancen aquellas palabras una dimensión mitológicas. Este relato no funciona simplemente como un testimonio, porque este tiende a guarecerse dentro de los márgenes de la contingencia. La mitología, por otra parte, sostiene una esencia omniabarcante, enseña en cada nueva lectura y su narración revive el acontecimiento en el presente. El hombre semen es un eterno presente, que responde ―y responderá― a cada momento en que la barbarie alcance a la siempre desgastada civilización.

2.1 “Una noche, al regresar de la faena, encontramos a dos hombres en la plaza del pueblo. Era totalmente incongruente. Teníamos el nuestro y habíamos olvidado por completo que también existían otros. Esta novedosa presencia era la señal de nuevos tiempos, o más bien el final de un tiempo fuera del tiempo” (45). Violette nos habla de un tiempo escindido del constante continuo del devenir, marcado, como se sabe, de la exclusividad femenina en el pueblo. Un pueblo carente de fertilidad, que ahora y sin anunciarse, se retoma al camino antes olvidado.

3. El espacio. Un pueblo que se autodetermina absolutamente en lo femenino. Un pueblo que en cada momento alimenta de necesidad a quienes lo habitan incidiendo directamente en la apropiación de labores ajenas a la costumbre. Las mujeres deben arar la tierra, además de sostener sus propios hogares. Lo hacen, creo yo, tanto por la imperiosa necesidad como por el inmenso fervor a sostener la vida en el pueblo. No es solo la estirpe genealógica lo que se sostiene, sino que la humanidad que fundamenta ese terreno provenzal.

Un pueblo que deviene enteramente en femenino, que se vuelve vacío tal como se vacía la fertilidad de los vientres de Le Saule Mort. Este es un pueblo que termina siendo el mismo cuerpo de las mujeres, que sin el efecto procreador se vuelca en tierra seca, que sobrevive autónomamente aunque perdiendo toda esperanza de futuro, que cada nuevo día se ve como un avance de la lenta desintegración. Este pueblo francés es una metáfora de un desequilibrio vital vivido en dos ocasiones por Violette Ailhaud.

3.1 Los parajes de ese pueblo parecen dar la sensación de estar bajo una soledad abrazadora y un encierro laberíntico.

4. El hombre. “Habíamos previsto todo ante la venida de un hombre. Nuestro primer objetivo era su semen, luego su fuerza de trabajo y, por último, su presencia. Nunca su amor” (26). El sujeto cosificado a su función animal, imposibilitado de amar y de ser amado. Un hombre que solamente está destinado a permanencer inmóvil en su posibilidad de acción y sentirse el macho que alfa procreador. “Haré este trabajo. Haré este trabajo porque es trabajo de hombres y no veo más hombres acá. Haré este trabajo con consciencia porque me gusta el trabajo bien hecho. Haré este trabajo con también placer porque siempre siento placer al hacer lo que debe hacerse” (44).

5. Por último, lo lírico. De algún modo no deja de abrazar lo poético en las líneas que bien podrían leerse como versos, los cuales dan cuenta de un tiempo distinto a toda normalidad y que penetran dentro de lo conmovedor. Entre lo bello y lo sublime camina la pluma de Violette Ailhaud, entre la nostalgia y la desesperación se balancean las emociones aquí descritas. No existe en todo el relato, muy breve por lo demás, una sospecha de superar el dolor por lo que acontece y aproblema, ni siquiera en la distancia con los hechos descritos; la escritura consagra un dolor en este texto, lo revive constantemente, aboga por ser visto antes que ser auxiliado. Va de instantes precisos a costras de duras facciones y en no pocas situaciones uno logra visualizar ese dolor plasmado en la conciencia de quien para mantener su genealogía, abandonó el amor y el deseo para restituir la familia.

 

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“El hombre semen”
Violette Ailhaud
Edícola Ediciones, 2015
46 páginas.

Publicado originalmente en Radio Federación, link acá.

Canon

“¿Quién es Roberto Arlt?

Alguien que no es un clásico, es decir, alguien cuya obra no está muerta. Y el mayor riesgo que corre hoy la obra de Arlt es el de la canonización. Hasta ahora su estilo lo ha salvado de ir a parar al museo: es difícil neutralizar esa escritura, no hay profesor que la resista.”

Crítica y ficción, Ricardo Piglia (2014)

A la calle las protagonistas de todos los silencios

En la escritura de este (primer borrador) veo las posibles anotaciones de mi madre, quien ocultamente se sentaba en su máquina de coser a arreglarnos la ropa que, por un motivo u otro, se nos dañaba. No veo sino ese mismo cuaderno que la protagonista va llevando consigo como si de ello dependiera su trascendencia. Veo en los surcos de los dedos, en las uñas quebradas de la nada, en los cayos de las yemas, en la uña atravesada por una aguja que fue sacada con un alicate por mi papá, una similitud que remueve lo que por labores femeninas entendemos.

***

Eugenia Prado Bassi siempre resulta un desafío nuevo. Aquí, en Advertencias de uso para una maquina de coser, veo la agilidad del ensayo con la ternura y el compromiso de la novela. Este borrador de una novela que se anticipa a su consumación, es una breve mirada al deambular aparentemente calmo de las talleristas textiles. Lo que aparece para la historia tapado de un manto gris de humo malsano, es, en Eugenia, el climax de la concreción reflexiva, el punto máximo donde escritura y declamación son una misma referencia común, para desvestir al silencio y expresarlo con palabras grandilocuentes. Nunca cabe olvidar que son Advertencias…, son mecanismos aprehendidos, con H entremedio, para una labor de amistosa subjetividad. En la prenda que cada uno lleva consigo va con ella el sudor, las lágrimas, el dolor y la alegría. No todo lo concreto es tan básico como se supone.

***

“Qué más tienes ahí, Mercedes. Insisten las operarias.
Qué tanto escondes”.

Mercedes esconde lo que le fue mutilado, pero que bien sabe que le pertenece. Mercedes sabe que una linea borrada al peso del olvido es un paso más cerca del horizonte en movimiento. Mercedes, y las operarias con ella, esconden una manufactura de la que dependemos, en la que todos recaemos constantemente, pero que por su industrial multiplicación, por su aparente inutilidad o por su injusto desprecio poco respeto le entregamos. Mercedes es el primer corte de tela. Es ella, Mercedes, la que sube y baja en el bordado dando el punto exacto de tensión y ajuste para juntar aquello que nunca lo estuvo. Es quien borda su propia perspectiva con el taller entero a cuestas.

“Escribe Mercedes en su cuaderno”.

***

“Puede parecer que la moda es un placer frívolo que reafirma la vanidad y nos divide en clases sociales, pero la moda es el andamiaje sobre el cual nos desplazamos” (39).

Mercedes lo tiene claro, y por eso no evita en anotarlo. Está feliz de lo que escribe, porque sabe que ese valor escondido en sus manos, ese pequeño espacio de libertad creadora es donde se ve a sí misma en plenitud. Su pequeña libreta es una costura tras otra, es un tejido del cual podrá abrigarse cuando esté terminado, podrá lavarlo, cuidarlo, desapolillarlo para su conservación y entregarlo a quien quiera usarlo. Así mismo, tal como Edith Piaf bordaba mirando al mar sin saber a quien bordaba. Bordaba por el solo hecho de hacerlo, porque más que una costumbre propia de su especie es, por el contrario, la dimensión de más claro cobijo a su amor intenso.

***

Así como los recetarios de la abuela, estas Advertencias… son un legado, una botella al mar lanzada en marea alta.

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El texto de Eugenia Prado Bassi es un recogimiento a un mundo interior que el capitalismo industrial ofreció al descrédito. Es poco probable que una acción tan fundamental como el vestirse tuviese cabida relevante en el mundo social, a menos claro que hablemos de los sastres. Eugenia no se preocupa de ello. Ella muestra la confección. Indaga en los brumosos talleres de aire grisáceo los minúsculos espacios de enfrentamiento a la historia, esos espacios donde el ser mujer se reafirmaba pero a la vez se transformaba, donde la providencia no era tal y la posibilidad un objeto de amoldamiento. Eugenia nos muestra, con este (primer borrador), que presenciar el minuto donde la linea comienza a tomar ángulos distintos es percibir los momentos donde nuestro ser está en su más alto reconocimiento, que mirarnos en el espejo es ver minucias que carentes de pomposidad con el tiempo van haciéndose más notorias, que toda mujer, por muy amarrada y callada como viene al mundo obtiene su reconocimiento en cada elemento que de ella depende, no existiendo nada neutro entre los productos que devienen de su confección. Así mismo es la escritura de Eugenia Prado Bassi.

 

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“Advertencias de uso para una máquina de coser”
(primer borrador)
Eugenia Prado Bassi
Editorial Moda y Pueblo, 2016.
67 páginas.